Los restos mortales de Arsenio Pastor Erico, considerado como el mejor futbolista paraguayo de todos los tiempos y goleador histórico del fútbol argentino, ya está en Asunción para su morada definitiva después de casi 33 años.
Arsenio Pastor Erico se encuentra en su país de origen "Paraguay"; muchos podrán imitarlo, pero igualarlo jamás... Frase hecha si las hay pero que describe a la perfección al máximo goleador paraguayo de la historia del fútbol argentino hasta hoy y un jugador extraordinario, admirado por compañeros y rivales...
Un jugador capaz de saltar a cabecear varias veces más alto que los contrarios y terminar dándole a la pelota de taco.
Un genio del gol y jugador símbolo de todos los tiempos al que Independiente debe gran parte de su enorme popularidad. Protagonista de una verdadera historia de amor con los hinchas, quienes lo amaron incondicionalmente. Nunca la adquisición de un futbolista resultó tan redituable como la suya. Con apenas 18 años llegó al club en 1924 proveniente de Nacional de Asunción. Había nacido en Asunción, Paraguay, el 30 de marzo de 1915.
Integrando un conjunto de la Cruz Roja paraguaya que realizó una gira por Argentina para recaudar fondos de asistencia a las víctimas de la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, fue observado por dirigentes de Independiente y River pero fueron los de Avellaneda quienes se adelantaron e hicieron que se ponga la camiseta roja. Los directivos de aquel entonces le consiguieron un permiso especial del ministerio de defensa guaraní para que pueda jugar y así iniciar su brillante carrera en Argentina. Erico respondió asi: en 325 partidos oficiales entre 1934 y 1946 marcó 293 goles, la marca máxima para un futbolista en la Argentina.
Debutó en Independiente el 6 de mayo de 1934 ante Boca en un partido que terminó 2 a 2, una fecha después, contra Chacarita, logra el primero de sus goles. Rápidamente, comenzaron a surgir apodos: “Saltarín Rojo”, el “Hombre de Goma”, el “Paraguayo de Oro”, el “Hombre de Mimbre”, “el mago”, “el aviador”, el “duende rojo”, el “Diablo Saltarín”, el “Rey del Gol”, “Mister Gol”, el “Hombre de Plástico”, “el virtuoso”, el “semidios”, entre otros. La prensa de aquella época no ahorraba descripciones sobre como jugaba.
Después de un par de años con lesiones que lo marginaron de las canchas, en 1937 desencadenó todo su potencial: 47 goles en un solo año. En el 38 llevó a Independiente a su primer título nacional en la época profesional y de yapa repitió el récord de goles por año marcando 43 tantos. Y al año siguiente, anotó 40 goles logrando el bicampeonato. Junto a Vicente De la Mata y Antonio Sastre compusieron un trío de fábula. Entre los tres marcaron 556 goles.
Fueron dos años pletóricos para el amante del buen fútbol: 66 partidos jugados, 52 ganados, 5 empatados y 9 perdidos. Algunos expertos mundiales ubicaron a Independiente de 1938/39 como uno de los mejores equipos de la historia mundial junto con el Real Madrid de Alfredo Di Stéfano, el Brasil de 1970 con Pelé y otros más.
Pero si los números son contundentes, la fantasía de su juego era mucho más demoledora. Nadie que vió el arte incomparable de Arsenio Erico se refirió jamás a sus goles sino a su juego. Personalísimo, hábil, cimbreante, saltarín increíble que llegaba más alto con su cabeza que los arqueros con sus manos. Marcó una época y fue la superestrella de un Independiente pleno de grandes figuras. Es muy difícil describir como hacía los goles. No hay futbolista contemporáneo que tenga un perfil parecido al de Erico, ni siquiera Pelé. Llegó a marcar goles tirándose de “palomita” pero en vez de conectar la pelota de cabeza a la red, lo hacía con el taco. Poseía un repertorio muy creativo para recibir y rematar al arco.
Tuvo Arsenio Erico una particularidad que pinta su condición de crack de todos los tiempos: miles de simpatizantes de otros cuadros concurrían a los partidos de Independiente sólo por verlo a él. Erico desmintió rotundamente aquello de que el goleador debe ser un jugador de físico grande, de fuerza y con pocas condiciones técnicas. El rey del gol fue un exquisito.
El mismísimo Alfredo Di Stéfano siempre mencionaba en sus memorias, reportajes, en donde pueda manifestar su opinión su admiración sobre Erico. De niño y pese a ser hincha de River, era habitual espectador de los partidos de Independiente como local solo para observar las técnicas y el juego de Erico. Llegó a opinar que Erico era más que el propio Pelé.
En 1977 la pierna izquierda de Erico tuvo complicaciones sanguíneas y debió ser amputada. Parecía que se reestablecía su salud pero tuvo un paro cardiaco fatal el 23 de julio de 1977. Al día siguiente, un domingo de fútbol, Independiente jugó contra River, justamente los dos clubes que lucharon por sus servicios cuatro décadas atrás, la hinchada del Rojo se la pasó cantando, muchos de ellos con lágrimas en los ojos, “¡se siente, se siente, Erico está presente…!”. Independiente ganó 2 a 1 tras ir perdiendo 1 a 0.
Fuente: http://www.caindependiente.com/cms/noticias.php?id=1223





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