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La Navidad es Jesús

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Navidad, celebración en la cual la mayoría de las personas se dan permiso de ser felices, la Navidad hace de diciembre un mes especial, la Navidad hace de diciembre un mes en la cual las personas se animan a soñar, se animan a reír; otros se dan permiso de olvidar por un instante los problemas, es también una oportunidad para reflexionar.

Navidad, hace de diciembre el mes de las reconciliaciones, de la unión, de la solidaridad, sin lugar a dudas la Navidad hace de Diciembre un mes especial, y es que en medio de un mundo convulsionado, Diciembre brinda la oportunidad perfecta para escapar por un instante de la tensión, oportunidad perfecta para experimentar un poco de paz.

Tristemente la Navidad, se ha convertido en una celebración donde Jesús quien es el protagonista no ha sido invitado, se tienen las fiestas, se tiene la novena, se tienen los regalos, pero lo que cada vez menos se tiene es al Señor de la Navidad. Las calles se llenan de luces, sin embargo aquel que dijo “yo soy la luz del mundo” esta ausente.

Hoy en el mundo se ignora que sin Jesús en el corazón, la navidad no dejara de ser la celebración que escasamente dura un mes y luego, de nuevo la tristeza, la ansiedad, la preocupación por el futuro, regresa también la desesperanza.

Que distinta una Navidad teniendo en nuestras vidas a Jesús, el Señor de la Navidad, entonces la celebración se convierte en una celebración no solamente de un mes, se convierte en una celebración que dura toda la vida.

Dios en este diciembre quiere hacer de tu vida una constante Navidad, donde la paz, la esperanza, el amor y la convicción de un futuro seguro llenen tu mente y corazón para siempre. Solamente, tienes que invitar a Jesús para que sea el Señor y salvador de tu vida, alegrándote así no solo por un mes, sino por el resto de tus días.

Amigos que Jesús en el corazón nos de una Navidad diferente, Navidad no solo son regalos, tampoco es fiesta, Navidad es reflexión, Navidad es acordarnos del que está solo, Navidad es dar antes que recibir.

Que en esta Navidad tengamos presente a aquel que todo lo dio por amor a nosotros.

Que con abundancia y escasez, con salud o sin esta, tengamos una feliz Navidad, confiando en aquel que todo lo llena y en todos.

Autor: Oscar Henao
Fuente: www.navidadlatina.com

Códigos de Familia

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Los códigos de familia son aquellas reglas implícitas por medio de las cuales se rigen las familias.

Al ser implícitas no se mencionan pero se supone son entendidas por todos sus miembros.

 

Si analizamos el comportamiento de nuestra familia es fácil percibirlas y ver como estamos inmersos y participamos en dicho código.

Por ejemplo;
Un código social de una familia es la expresión del afecto hacia otros a través de la comida. Es decir, invitando a comer, preparando la comida, reuniéndose alrededor de una mesa es una forma de agasajo. En dicha familia se le da un significado especial a la comida siendo sinónimo de alegría, compañía y expresión de sentimientos.

Otros ejemplos son:
Un código es la jerarquía de los padres sobre los hijos, en el cuál es clara la función de cada integrante. Siendo los padres responsables y guías de los hijos y por un rato los hijos aprendices. En otras familias este código es difuso y podemos percibir cómo los hijos mandan sobre los padres.

Los códigos también son reglas que sirven para delimitar lo permitido y lo prohibido en la familia.

Las familias protegen a sus miembros si esta afirmación es parte de su código.

Por ejemplo: Vemos como se propicia una unión familiar ante las adversidades o cuando es criticado un miembro injustamente por alguien externo. La familia se acopla para defender al suyo, se crea un frente común. Es decir, existe un código de lealtad para protegernos del mundo exterior.

Existen reglas incluso de cómo cada familia despide a sus muertos que sumados son las tradiciones de un pueblo. 

Psic. Blanca Almeida Dingler 

Psicoterapeuta Blanca Almeida Dingler
www.terapiaenlinea.com.mx

 

 

 

La familia

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 Cuidado: La familia también tiene autoestima

 Ser mejores para hacer felices a los demás


Al igual que las parejas, una familia puede caer fácilmente en la rutina, el aislamiento, la falta de comunicación, el individualismo… Son estados por los que pasan los miembros del hogar y una vez detectados deben tratarse a tiempo para evitar una crisis de mayor repercusión. El Doctor Aquilino Polaino, experto en sicología y temas de familia, expuso los siguientes 10 principios para mejorar la autoestima de la familia.

1. Disponibilidad

Consiste en dedicar tiempo (¡que es lo que menos tenemos!) a atender a nuestros hijos y esposo/a. Con los adolescentes, por ejemplo, no vale lo de “este tema ya lo hablaremos el sábado con tranquilidad, cariño”. Para el sábado, tu hija de 13 años ya se ha emborrachado con una amiga y van a hacer lo que se les ocurra, porque el padre estaba “ocupado”. Hay que estar disponible, porque hay problemas que sólo se arreglan en el momento en que el otro se anima a plantearlo y pide ser escuchado.

2. Comunicación padres-hijos: que los padres hablen menos y escuchen más.

En muchas familias, cuando un padre o madre dice “hijo, tenemos que hablar”, el joven piensa “uy, malo, malo”. ¿Por qué? Porque sabe que los padres cuando dicen “tenemos que hablar” quieren decir “te voy a soltar un discurso por algo tuyo que no me gustó”. Esto cambiaría si los padres se hicieran un propósito: dedicar el 75% a escuchar y sólo el 25% a hablar. Escuchar a los hijos (o al cónyuge, a cualquiera) es un esfuerzo activo. Hay que soltar el periódico, quitar el volumen de la TV, girar la cabeza hacia quien te habla, mirar a los ojos, expresar atención. Eso es escucha activa, que es la que sirve para mejorar la autoestima de tu familia.

3. Coherencia en los padres y autoexigencia en los hijos.

Uno es coherente cuando lo que piensa, siente, dice y hace es una sola y misma cosa. No tiene sentido decirle a los niños desde el sofá: “eh, ustedes, ayuden a mamá a organizar la mesa”. Hay que dar ejemplo primero. Así aprenden a autoexigirse, que es mucho mejor que tenerlos vigilados 24 horas al día. Esto es un progenitor potenciador, motivador, animador y protector al mismo tiempo.

4. Tener iniciativa, inquietudes y buen humor, especialmente con el cónyuge.

La rutina es un enemigo en las relaciones conyugales y con los hijos. El punto clave es que haya creatividad e iniciativa en la vida de pareja y eso se contagiará a toda la familia protegiéndolos de la rutina. Si la pareja va bien, los hijos aprenden su “educación sentimental” simplemente viendo cómo se tratan papá y mamá, viendo que se admiran, se halagan, son cómplices. “Cuando sea mayor trataré a mi mujer como papá a mamá”, piensan los niños entusiasmados. Eso les da autoestima.

5. Aceptar nuestras limitaciones, y las de los nuestros.

Hay que conocer y aceptar tus limitaciones, las de tu cónyuge, las de tus hijos. Pero es importantísimo no criticar al otro ante la familia, no criticar a tu cónyuge ante los niños, o a un niño ante los hermanos, comparando a un hermano “bueno” con uno “malo”. Eso hace sufrir al hijo y le quita autoestima. Es mejor llevarlo aparte y hablar.

6. Reconocer y reafirmar lo que vale la otra persona.

Seamos sinceros: no tiene sentido que andemos llamando “campeón” a nuestro niño que nunca ha ganado nada. Si ha perdido un partido de fútbol, no le llames campeón. Ha de aprender a tolerar la frustración, acompañado, eso sí. También hemos de saber (grandes y pequeños) que somos buenos en unas cosas y no en otras. Reafirmemos al otro en lo que vale, y se verá a sí mismo como lo que es, una persona valiosa.

7. Estimular la autonomía personal.

Uno se hace bueno a medida que va haciendo cosas buenas. Es importante que lo entiendan los hijos. Lo que se hace es importante: hacer cosas buenas nos hacer buenos a nosotros. Esta idea ayuda a tener autonomía personal, hacer las cosas por nosotros mismos, para mejorar nosotros.

8. Diseñar un proyecto personal.

No irás muy lejos si no sabes donde quieres ir. Quedarte quieto no es factible, uno tiende a volver a quedarse atrás. Hay que tener un proyecto personal para crecer, y atender y ayudar a discernir y potenciar los proyectos de los tuyos.

9. Tener un nivel de aspiraciones alto, pero realista.

Debemos jugar entre lo posible y lo deseable. Si aspiramos alto, nos valoraremos bien, tendremos autoestima. Pero, ¿es factible? Debemos conjugar un alto nivel de aspiraciones con la realidad de nuestras capacidades y recursos.

10. Elijamos buenos amigos y amigas.

El individualismo es el cáncer del s.XXI. Nosotros y nuestros hijos estamos atados a máquinas como el DVD, la TV, la videoconsola, Internet... El trabajo en solitario va minando la amistad verdadera. ¡Los amigos comprometen mucho y al individualista no le gustan los compromisos! Sin embargo, necesitamos más que nunca amigos humanos, personas, grandes y buenos amigos, con los que compartir muchas horas, conversaciones sinceras y cercanas, amistades de verdad, que te apoyen y te conozcan auténticamente, que te acepten con tus fallos y potencien lo mejor en ti.

Una familia que trata de seguir estos principios contribuye a mejorar la estima en sus hijos y la autoestima en ellos mismos.

Fuente: Ageanet

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