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Tercera Edad

Voluntariado: ocio positivo para la tercera edad

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Al contrario de lo que muchos piensan, la tercera edad es la etapa óptima para continuar siendo productivos y una excelente oportunidad para ello, es el servicio voluntario; pues además de que se cuenta con el tiempo disponible, se tiene a su favor la madurez intelectual y admirable experiencia.

Está científicamente demostrada la importancia que tiene en el ser humano que su cerebro se ejercite constantemente para evitar enfermedades en los últimos años de vida. De ahí la necesidad de permanecer activos y no hacer un paro total que pueda traer consigo estados emocionales dañinos como la depresión, baja autoestima, debilidad u padecimientos físicos.

Tampoco se trata de seguir con el mismo ritmo de vida que se acostumbraba llevar, pero sí aprovechar las nuevas condiciones para realizar metas que hasta el momento no habían sido posibles y también prestar un servicio social que le llenará de satisfacción.

Una buena alternativa

Muchas personas que ya han obtenido su jubilación y durante toda su vida fueron muy activas y trabajadoras, pueden desubicarse por el cambio tan brusco en su estilo de vida. Por eso, es conveniente realizar otras actividades que hagan sentir útil a la persona, y si es su deseo, le permitan continuar ejerciendo su profesión u oficio a través del servicio social.

El voluntariado es la forma como se suplen las necesidades propias y de los demás, es decir, es una relación ganar-ganar en donde las dos partes están siendo beneficiadas. Algunos modelos de voluntariados:

  • Asesoría profesional: consiste en brindarle apoyo a alguna organización que requiera de su conocimiento y no tenga las posibilidades económicas para suplir esa necesidad. Otra forma sería prestar los servicios profesionales sin ningún costo a personas de bajos recursos.
  • Trabajo social: es la donación de tiempo a una organización sin ánimo de lucro que tiene como objeto la ayuda social: fundaciones de niños, ancianos, enfermos, necesitados, etc.
  • Parroquias o comunidades religiosas: comprometerse con las causas que lidera la Iglesia, es otro grandioso voluntariado.
  • Grupos de amigos y familiares: en especial las mujeres de la tercera edad, son ejemplares cuando conforman grupos y confeccionan ropa o realizan algún trabajo para ayudar a una población necesitada.
  • Servicio ciudadano: en algunos países las personas de la tercera edad apoyan a los organismos de control o a las asociaciones culturales como los museos o sitios turísticos de la ciudad.
  • Guarderías y colegios: estas instituciones educativas también son un campo de acción, asimismo los adultos mayores están en contacto con niños que tanta alegría nos transmiten.

Estas son sólo algunas formas de servir a los demás, todo parte de la disposición y buena actitud frente a las condiciones naturales propias de la vida como es la edad.

Ejemplos reales

En lugares como los países anglosajones, por ejemplo, en los últimos años la implicación de personas mayores en tareas de voluntariado ha aumentado de manera considerable y, en España, la experiencia de las personas mayores se está convirtiendo también en una herramienta para muchas entidades.

Desde que se creó hace casi dos décadas, la organización “Seniors Españoles para la Cooperación Técnica” (Secot), ha apoyado a más de 300 entidades sociales y más de 1.500 pequeñas y medianas empresas en tareas como la revisión de los planes de trabajo, la gestión de entidades, la identificación y evaluación de proyectos y el uso de nuevas tecnologías. Quienes llevan a cabo toda esta labor son personas jubiladas que en su vida laboral estuvieron ligadas al mundo de la empresa y que ahora quieren trasmitir sus conocimientos de manera voluntaria.

Un estudio realizado por los profesores universitarios Montserrat Celdrán y Feliciano Villar, de la Universidad Rovira i Virgili y la Universidad de Barcelona, respectivamente, ha profundizado en el papel de la tercera edad como actores activos en organizaciones de carácter empresarial, cultural y de asistencia social.

La entrevistas realizadas durante el estudio, revela que la mayoría de las personas se sienten muy bien realizando la labor voluntaria y explican que con su trabajo de voluntariado "se sienten útiles y satisfechos por ayudar a los demás" y que además les proporciona "actividad y una red social", crecimiento personal y valores.

Fuente: canalsolidario.org, lafamilia.info

La viudez en esta etapa de la vida

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La viudez en esta etapa de la vidaLa muerte del cónyuge tiene características particulares por el proceso de duelo en el adulto mayor y por el impacto en las otras generaciones que conviven con el sobreviviente.

En este artículo nos acercaremos a algunos aspectos elementales de la viudez y los cuidados a tomar en torno a este natural, aunque impactante suceso.

¿Qué es el duelo?

Cuando los facultativos de la salud mental nos hablan de “proceso de duelo”, se refieren a aquel estado emocional, de pensamientos y de actividades en torno a una pérdida dolorosa por ser ésta la desaparición de algo querido. Se trata, entonces, de una situación concreta en si, y de la sintomatología en particular relacionada con esta reacción.

El duelo se configura en torno a un trauma de modo semejante al sufrido por una quebradura o herida dolorosa. Como en las lesiones del cuerpo, las del alma también requieren tiempo y cuidados para sanar. Transcurrido el proceso de recuperación, retorna al interior el equilibrio normal, asumiendo la desaparición pero ya sobrepuestos al impacto, como quien camina con una pierna que sufrió una fractura ya sanada.

El proceso del duelo

Podemos decir que el proceso de duelo se inicia apenas enterada la persona de la desaparición de ese ser querido. No importa cuán anticipada sea una muerte, la desaparición es lo que afecta: que ese ser ya no esté allí.

La duración de este proceso es variable según la persona. No existe un estándar que denote “normalidad”. Como es lógico, dependerá de los recuerdos (internos y externos) vinculados a quien desapareció, así como influye el nivel de impacto de la noticia y la personalidad del deudo. Es absurdo pretender juzgar la sanidad de un duelo por el grado de expresión emocional, si bien la negación (o sobredimensión) del dolor de la pérdida sí denota una anormalidad preocupante. Otros factores que debemos tomar en cuenta son las características de la persona desaparecida (edad, sexo, rol, personalidad, etc.) y las características sociales en que queda situado el deudo.

Siguiendo la línea de los especialistas, podemos diferenciar cuatro etapas en el proceso de duelo.

La primera – “de impacto, shock o perplejidad” – se produce apenas enterados la noticia de la pérdida. Variando según las circunstancias arriba señaladas, la duración de esta etapa puede variar entre minutos o días, e incluso hasta el medio año posterior a la desaparición del ser querido. Es una lucha entre la aceptación de la noticia y nuestra defensa ante el dolor. A diferencia del mismo proceso en edades menores, en la tercera edad nos enfrentamos con una situación que no logramos comprender y que, a un mismo tiempo, capta por entero nuestra atención. El consuelo es mal recibido, tratándose de un proceso que debe operar en el deudo mismo.

La mejor actitud de quienes le rodean es de una atención cautelosa: no obligarle a actividades que él rechaza pero tampoco abandonarle al reposo absoluto.

Si pudiésemos entrar en la mente del deudo, apreciaríamos una colosal lucha interna. Sufre pena y dolor, pasa por momentos de incredulidad y de confusión. Su apetito se altera ya por exceso o normalmente por defecto. Puede incluso experimentar náuseas e insomnio.

Cuando la desaparición ya fue aceptada ingresa la segunda etapa, “de rabia y culpa”. El deudo experimenta una angustia inconsolable, junto a manifiestos desórdenes emocionales. El sobreviviente ha comenzado un proceso  de búsqueda de quien desapareció. Y expresa sentimientos por éste.

De modo progresivo ingresará a la tercera etapa, que puede durar hasta dos años, conocida como “de desorganización del mundo, desesperación y retraimiento”. Es la etapa donde el dolor se prolonga y ocasiona consecuencias secundarias. El llanto y el pesar se intensifican, mezclados con sentimientos de rabia y resentimiento. A causa de esto, se desintegra del mundo, impidiendo su integración con el entorno, cuando no incluso de formas no meditadas.

Durante esta etapa no es raro que sueñe con el difunto, se aísle de su comunidad, gima o suspire constantemente, y pase por períodos de hiper o hipo actividad, recorriendo además los lugares vinculados al fallecido. Somatiza con vacíos de estómago y pequeños tirones en la garganta o tórax. Se vuelve hipersensible a los ruidos, se ausentan esporádicamente algunos rasgos de personalidad y padece ahogos y boca seca.

Quienes conviven con el anciano notarán sus sentimientos de preocupación, de una presencia del desaparecido mezcladas a veces con alucinaciones visuales, táctiles o auditivas. Para ser útiles al proceso, no debemos impulsar un cambio brusco de conducta o la represión de su pesar. La experiencia de dolor y tristeza son parte del duelo hasta que es capaz de enfrentarlos.

Finalmente, llega la cuarta etapa, conocida como “de reestructuración del mundo, reorganización y sanación”. Este proceso puede tomar dos o tres años. Ingresamos a un mundo de tomas de conciencia y aceptaciones. El objeto de vacío se vuelve una ausencia presente. Reaparece el equilibrio interior y los sentidos del existir. Junto con la recuperación de la paz, vuelve a sentir los afectos cálidos de quienes le rodean.

La elaboración del duelo

El duelo ha sido elaborado cuando apreciamos la aceptación de la pérdida y el recuerdo del ser desaparecido no provoca sentimientos de dolor. Es posible hablar abiertamente de la pena que nos produce esa falta y reconocerla como algo natural es un buen auxilio psicológico para la elaboración.

Las tareas que cumplimos para llegar a concluir el proceso involucran la aceptación de la pérdida, el posterior dolor y sufrimiento emocional y el ajuste de la vida integrándose a la nueva realidad hasta volver a vivir la satisfacción y estabilidad. El deudo finalmente retirará por si mismo la energía emocional del fallecido, multiplicándola en otras relaciones con sentido, pudiendo amar otra vez, pero en sentido más general.

En un artículo posterior, trataremos las explicaciones del duelo y sus patologías. Pero antes, trabajaremos la continuación puntual del proceso de duelo en la tercera edad.

Fuente: buenvivir.org  

La viudez

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La viudezHay muchas más viudas que viudos. La proporción entre unas y otros se estima entre 3:1 y 5:1. Esto es el resultado de dos tendencias: la mayor expectativa de vida de las mujeres y la inclinación de éstas a casarse con hombres mayores que ellas. Las oportunidades para volver a casarse están limitadas porque hay pocos hombres, en comparación con las mujeres del grupo de edad "adecuado". En consecuencia, es muy frecuente que las mujeres tengan que hacer frente al hecho de pasar, más o menos, los quince últimos años de su vida solas.

En el duelo de la mujer durante el año inmediato a la muerte de su marido, se desarrollan una serie de procesos psicológicos. Estos se producen aproximadamente en el siguiente orden:

1. Choque o parálisis. Durante los primeros días posteriores a la muerte del marido, la reacción habitual no es de emoción intensa, sino una sensación de parálisis.

2. Ansiedad e intensa tristeza. Se produce una intensa preocupación por los pensamientos del esposo fallecido, la pena es muy grande y se llora mucho.

3. Ira y protesta. Puede suscitarse la ira o la amargura dirigida a personas cercanas: al médico, al sacerdote o al esposo fallecido, por dejarla sola.

4. Desorganización. Hacia el final del primer año de duelo, incluso, la mayoría de las viudas no ha mostrado gran interés por hacer planes para el futuro.

5. Mitigación (reducción del dolor). Hay períodos en los que la pena disminuye y la mujer puede descubrir formas de protegerse o defenderse del dolor que experimenta.

6. Identificación. La mujer manifiesta su identificación con el esposo fallecido, quizá comportándose o pensando como él, o quizá expresando opiniones suyas.

Por supuesto, la forma de experimentar el duelo varía de una viuda a otra. Los dos factores que parecen relevantes son:

1) la edad de la mujer, y

2) si la muerte del marido fue rápida e imprevista o la consecuencia de una larga enfermedad y, por tanto, esperada.

Las mujeres muy ancianas parecen estar mejor preparadas psicológicamente para la ausencia del marido.

Parece que la muerte del cónyuge resulta más dura para el hombre que para la mujer, como ponen de manifiesto el poco ánimo, los trastornos mentales y las elevadas proporciones de muertes y suicidios. Dicho de otro modo, la mujer se adapta mejor a la viudedad. Una razón que explica esta situación consiste en que es más probable que las mujeres tengan amistades profundas cultivadas durante muchos años y que pueden prestarles apoyo emocional.

Las mujeres suelen tener una proporción de amigos muy superior a la de los hombres. Aunque los viudos están significativamente más solos que los casados, las viudas no están más solas que las casadas. Aunque hay que tener también en cuenta que en las ciudades modernas, los papeles y los sistemas sociales de apoyo no alcanzan a las viudas de forma tan automática como en una sociedad más tradicional. En resumen, la viuda tiene que ser asertiva con el fin de conseguir los tipos de apoyo y servicios que necesita. Por desgracia, las viudas de hoy pertenecen a la generación de mujeres socializadas de manera que no lo fuesen. Las mujeres más orientadas a la familia y dependientes del marido son las más afectadas por la viudedad. El retraso de la formación de la identidad puede tener graves consecuencias en el futuro.

Fuente: proyectopv.org 

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