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Madurez

31 Años La Edad De La Belleza Perfecta Para Una Mujer

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Sociólogos británicos llegaron a la conclusión de que la belleza de una mujer
florece a la edad de 31 años. Señalan que es la cima de la hermosura de una joven porque ya está más segura de sí
misma y encontró su propio estilo. Además, se hizo experta en maquillaje y aprendió a elegir ropa que subraye sus
ventajas y oculte los pequeños defectillos.



Además, derrumbaron el otro estereotipo. Resulta que los hombres no consideran que las mujeres más jóvenes sean más atractivas. Afirman que el equilibrio óptimo entre belleza física, estilo y la sensación de autoconfianza se desarrolla después de los 30 años.

A la edad de 31 años, una mujer ya se siente mucho más segura de sí misma que a los 20. Tiene ya una imagen bastante clara acerca de su lugar en el mundo, ya sabe qué es lo que quiere y cómo es ella, se entiende mejor a sí misma. Además, tiene ya una experiencia muy variada en relaciones sociales con casi todo tipo de gente.



Casi dos tercios de las mujeres encuestadas admitieron la exactitud de la frase 'la Hermosura viene con la edad'. Más de la mitad reconoció que con la edad se olvidaban de sus complejos y empezaban a sentirse más guapas. Además, un 55% comentó que, al pasar el 'umbral' de los 30 años, tuvo la sensación de haber aprendido finalmente a darse el maquillaje óptimo para su tipo de cara.



Otro detalle interesante: las mujeres residentes en la capital se mostraron más seguras de sí mismas que sus coetáneas de otras regiones del país.

Por último, los sociólogos descubrieron que una mujer británica cuenta con un presupuesto promedio de unas 105 libras (unos 160 dólares) mensuales para perfeccionar su belleza natural.

¡ Que sesenta años no es nada ...!

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Ya es hora de cambiar nuestras creencias acerca del envejecimiento y la vejez. La autoestima no puede -ni debe- pasar por el calendario...

Durante generaciones hemos permitido que el número que corresponde a los años que llevamos en el planeta, nos diga cómo hemos de sentirnos, vernos y comportarnos, y lo que se acepta mentalmente se convierte en verdad para nosotros; ya es hora de cambiar nuestras creencias acerca del envejecimiento y la vejez. Muchos hemos aprendido que cambiando nuestra forma de pensar, podemos cambiar nuestra vida, pues así podemos hacer que el proceso de envejecimiento sea una experiencia positiva, vibrante y sana.

Después del gran despliegue de la juventud, el hombre deberá lograr la calma. Es fundamental saber que el envejecimiento no es una enfermedad, no es patológico, ya que según el concepto de salud de la Organización Mundial de la Salud, implica un completo estado de bienestar psicofísico y social, en ausencia de enfermedad, en teoría no se puede aplicar a los adultos mayores.

La Tercera Edad en el Tercer Milenio, es un desafío para todos. Muchos adultos mayores llegan a la edad de la jubilación y se sienten todavía en plenitud, en forma, vigentes, lúcidos, llenos de iniciativas y planes; otros muchos, aunque ven disminuidas sus potencialidades físicas al llegar a esta etapa, sienten que aunque la mente esté lúcida, la sociedad les dice, por medio de la jubilación, que deben dejar el puesto a gente más joven y nueva y que deben retirarse.

Una de las primeras necesidades del ser humano, es sentirse aceptado, querido, acogido, perteneciente a algo, a alguien; son los sentimientos en que se basa la auto-estima, que consisten en saberse capaz, sentirse útil, considerarse digno. Por lo tanto, no puede haber auto-estima si la persona percibe que los demás prescinden de él, ya lo veía así el “viejo” Maslow, en su famosa pirámide de necesidades, donde describe un proceso que denominó “autorrealización” y que consiste en el desarrollo integral de las posibilidades personales.

Auto-estima, consiste en las actitudes del individuo hacia sí mismo, mientras son positivas se dice que hay buen nivel o alto de auto-estima; en las actitudes se incluye el mundo de los afectos y sentimientos y no sólo el de los conocimientos, pues los componentes de la actitud encierran gran variedad de elementos psíquicos. De ahí que, para la educación y formación de las personas, sea importante para formar actitudes, porque así se puede asegurar una formación integral y no fraccionaria y entonces, así se garantiza un alto nivel, que le permite al individuo hacer frente con dignidad a importantes contrariedades de la vida y no decaerá su ánimo fácilmente.

Por esto, si a una persona que se siente bien, saludable y con fuerzas, se le dice que ya no hace falta en el trabajo, es probable que se influya en el deterioro de la auto-estima; el adulto mayor se siente desconcertado ante dos experiencias contrarias: él se siente bien y con ganas de trabajar, por otro lado, la sociedad marca una edad para dejar el trabajo lo es un duro golpe a la auto-estima y proyecta múltiples consecuencias hacia lo físico y lo somático, porque estudios modernos comprueban que una persona permanece más inmune si tiene muestras de afecto,  a través de sus lazos amorosos, familiares y sociales.

Los estudios e investigaciones modernas, indican que las emociones positivas y negativas influyen en la salud, más de lo que se suponía, y si no se tiene un desarrollo afectivo óptimo, no se desarrolla la inteligencia, así es que hay una relación directa entre el afecto y el desarrollo cerebral, intelectual. La inteligencia depende de la vida de la niñez, cuando se va estructurando la persona; entonces hay que volver a valorizar el afecto. Y a esta mezcla, de inteligencia y afecto, se le llama inteligencia emocional.

Hoy se sabe que la inteligencia es más que una determinada función de la mente humana, medida en términos de coeficiente intelectual; el ser humano, a la hora de tomar decisiones y actuar no lo hace guiado por su inteligencia cognitiva, lo hace por el impulso de sus emociones y sentimientos, que deben ser guiados, orientados, controlados y expresados mediante los dictados de una sana inteligencia emocional; por ejemplo, a la hora de elegir una pareja, no se guía generalmente por el frío intelecto, sino por la calidad e intensidad de los sentimientos que hay en ese momento.

Y los aprendizajes practicados hasta ahora, han insistido más en el mundo cognitivo que en el emotivo; sólo el ambiente familiar ha sido útil en el manejo positivo del mundo afectivo y que sucede cuando el mismo núcleo familiar carece de la solidez afectiva necesaria.

Para poder vivir bien la vida, es necesario, no sólo la inteligencia cognitiva, sino también, y sobre todo, la inteligencia emocional y la auto-estima que van a la par; las personas con mejor y más adecuada expresión de sus sentimientos y emociones, son a la vez, personas seguras de sí mismas, con mayor sentimiento de libertad y autonomía, con mejores relaciones interpersonales y por ello mismo, con mejor nivel de auto-estima.

Una de las primeras crisis de la edad madura, es, a menudo una crisis de desgaste, desánimo y desilusión, por la experiencia que vive el adulto mayor al verse, de pronto, no aceptado; y sentirse así, sin una razón objetiva, al sentirse todavía como ser vigente y capaz de sentir y servir, y se convierte en una crisis que se agudiza por las pérdidas que se van acumulando en la vida del adulto mayor, como el trabajo, seres queridos, etc.; si estas pérdidas no se compensan con un buen manejo del campo afectivo, puede que el adulto mayor se vea invadido por perjudiciales sentimientos negativos, que afectarán su auto-estima, especialmente en las mujeres.

Los parámetros y valores culturales imperantes en la sociedad favorecen poco la auto-estima del adulto mayor, ya que el modelo cultural imagina una decadencia y lo condena a ser testigo de su propia decadencia; esto hace frágil y vulnerable la auto-estima, aunque la razón y la afectividad no decaen al ritmo biológico, al contrario, se incrementan hasta el último día de vida. La Organización Mundial para la Salud, define el “viejo sano” como aquel individuo cuyo estado de salud se considera no en términos de déficit, sino de mantenimiento de capacidades funcionales, es necesario entonces, recordar que el envejecimiento de las células cerebrales es más lento y es recomendable aprender algo nuevo, en una especie de gimnasia intelectual.

Por Gloria Molina Pérez y Adriana Judith Saldaña Lozano

Tomado de: http://www.enplenitud.com

Aprendiendo a envejecer

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Aprender a envejecer

Hace unos dias leí un interesante artículo. Hablaba acerca de mujeres de la tercera edad que decidieron comenzar un estudio en la universidad. Las entrevistadas comentaban acerca de los obstáculos físicos y los prejuicios sociales que han tenido que vencer en la universidad para alcanzar sus metas. Las miradas extrañadas de los demás estudiantes al ver las plateadas canas sobre sus cabezas, la forma en que sus capacidades de resistencia o aprendizaje se han visto disminuidas como consecuencia de los años y las objeciones o poco reconocimiento que han recibido, en algunos casos, por parte de sus familiares, lo que a veces mermaba un poco sus ánimos.

Me hizo pensar que estas mujeres han aprendido a disfrutar la etapa de su vida en la que están viviendo y que nuestras sociedades no han evolucionado lo suficiente como para entenderlo. Aprender algo nuevo todavía no encaja en nuestro concepto de la tercera edad.3era edad feliz

Reflexioné acerca de las barreras mentales que existen en nuestras sociedades actuales en contra del envejecimiento. Aún no he conocido al primer ser humano en plena juventud que me haya dicho que está preparado o se está preparando sicológicamente para envejecer o que tenga una imagen positiva de la tercera edad.

Parece mentira que algo tan normal, tan humano, tan común como la vejez aún sea una especie de "palabra tabú" entre los seres humanos. Todos envejecemos, pero sobretodo las mujeres, le huimos a la vejez "como el diablo a la cruz". Nos resistimos con todas las fuerzas de los músculos y, de ser posible, del bolsillo. Nos negamos rotundamente a envejecer.

Pero, a no ser que partamos antes de este mundo, el tiempo siempre gana la batalla. Las arrugas aparecen, los músculos se vuelven flácidos. Las enfermedades y dolencias llenan nuestras conversaciones. Lo que por fuera podemos maquillar y "corregir", es por dentro un proceso inevitable.

Al envejecer surge el miedo a la soledad. Somos mucho más vulnerables a todo lo que nos rodea. Es entonces cuando nos vamos dando cuenta de lo frágiles que en realidad somos. De lo mucho que necesitamos a personas amorosas a nuestro lado, que con paciencia sobrelleven nuestras debilidades. Aprecias una mano que te ayude a hacer las cosas que siempre hacias orgullosamente sola (ver mujer maravilla), o que simplemente se tome 15 minutos de su agitado tiempo para compartirlo contigo, para escucharte.

Más que adoptar la bizantina lucha en contra de la vejez, importante sería aceptarla como parte de la vida. Envejecer es tan parte del vivir como el nacer. Si de algo se puede estar segura en la vida, es de que cada día se envejece.

No tengo nada en contra de la cirugía plástica, o las cremas, más bien estoy a favor. Al cuerpo hay que darle mantenimiento como a todo, pero considero que deberíamos comenzar por nosotras mismas a cambiar el prejucio social en contra de la vejez. Esa tontería de esconder los años que se tiene, ese terror a las arrugas, ese culto a la juventud. El pensar que la belleza es una caracteristica exclusiva de la juventud.

Por supuesto es importante ahorrar para la vejez, alimentarnos adecuadamente, ejercitar los músculos y el cerebro, eso nos ayuda a estar preparados física y materialmente, pero también estar conscientes de que tener arrugas significa tener la experiencia de los años. Aunque muchas cosas en nuestro mundo postmoderno han cambiado, existen otras que no. La vejez sigue siendo esa etapa de la vida en la cosechamos todo lo que hemos sembrado a través de los años. Materialmente pero también en el corazón de todos aquellos que nos rodean. Todo lo que hemos enseñado con nuestro ejemplo. Como tratamos a nuestros padres y abuelos, así nos tratarán nuestros hijos y nietos. Lo han aprendido a través del ejemplo.

Estar orgullosas de tener la edad que tengamos significa estar satisfechas de lo que hemos logrado, del fruto de nuestro paso por este mundo. Son precisamente los años vividos, con sus arrugas y canas, los que nos han traido sabiduría, las personas que amamos a nuestro lado, tantos logros y momentos felices.

Proponerse nuevas metas, aprender algo diferente, sentirse útil en su medio, todo de acuerdo a nuestra edad, esas son las cosas que hacen que nuestra vida sea interesante independientemente de que tan jóvenes o viejos seamos. La vida no se acaba cuando llegamos a la tercera edad, sino que comienza una nueva etapa con sus ventajas y desventajas. Aprendamos a descubrirlas y disfrutarlas. 

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